
Resulta que hace años, cuando estaba sentando las bases para mi independencia, también llamada Plan Carbonero, le dije a mi madre que me enseñara a cocinar así, un poco a groso modo… Cosas sencillas: pasta, alubias, lentejas y poco más.
Cuando ella se ponía manos a la masa yo me sentaba a la mesa de la cocina y apuntaba, paso a paso, el proceso a seguir. Incluso, fíjate tú, compré, ad hoc, una carpetita de anillas con el Wini the Poo ese vestido de cocinero para que quedara curioso el asunto.
A continuación paso a transcribir, tal cual, la receta de las alubias blancas, que es, digamos, la protagonista.
Alubias Blancas ========> Cazuela: 2horas
Ingredientes para cuatro raciones:
*Alubias blancas: una taza y un culín.
*Un chorrillo de aceite
*Chorizo y tocino
*Un diente de ajo
*Pimentón: una cucharada cafetera.
Dejarlas en remojo toda la noche y a la mañana cambiarles el agua. Se echan a la cazuela y se cubren de agua (un dedo por encima de agua, pero que tampoco naden) y se le echa el chorizo y el tocino y el chorrín de aceite (menos que a las lentejas). Se ponen a cocer a fuego fuerte y cuando empiecen a cocer (salen burbujas) se les echa un poco de agua (sólo para asustarlas y se queden quietas). Nunca no pasaremos del dedo de agua. Y las ponemos a fuego lento. Hay que vigilar cada poco para que no les falte agua (el dedo). Cuando ha pasado hora y media, más o menos, se prepara el refrito. Chorrín de aceite para freir un ajo en una sartén pequeña y se saca el ajo antes de que se queme. Cogemos la cucharada de pimentón y se la echamos a la sartén, depués una cucharada sopera de caldo y la echamos en la sartén para que se disuelva el pimentón. Caution!!! Si está muy caliente el aceite salta y quema. Esperar. Luego echar todo a la cazuela y esperar 20 min hasta que se hagan.
Bueno, al tiempo de haber conseguido la, por muchos ansiada, independencia, circunstancias de la vida que me vi a mediados de mes sin un puto duro. Pero tieso, tieso. Hasta entonces comía de menú en un bar, pero como la cosa se jodió pues… Así que con lo poco que tenía y algo que me prestaron compré comida para hacer yo en casa.
En qué hora…. Llegué a casa y me dispuse a hacer la comida para el día siguiente y posteriores. Lo de hacer cuatro raciones era para meterlas en tuppers y congelarlos. Bueno, pues tenía yo ganas de alubias así que a eso de las 7 de la tarde las metí en una ensaladera para dejarlas de remojo. Como mi madre es una exagerada –pensé- no creo que haga falta tenerlas toda la noche, así que a eso de las 10 de la noche cogí la carpeta del Winni Poo de los cojones, me calcé un delantal que mi madre me había comprado en Portugal y me puse al lío.
Puse las alubias, el chorizo y el tocino en la cazuela, cubrí todo un dedo de agua por encima y seguí leyendo. Un chorrillo de aceite, ponía. ¿Cuánto hostias es un chorrillo de aceite? Eché un poco y me quedé mirando….. esto va a ser poco, concluí. A ver, comencé a elucubrar, se supone que es para que no se peguen, así que más vale que sobre que no que falte, que van a estar dos horas. Y eché otro chorrín por siaca.
Solventadas las primeras dudas el resto parecía fácil; vigilar durante hora y media y estar atento al dedo de agua. Chupao. Así que allí andaba yo tó Maruja, con el paquete de tabaco en el delantal, trapo de cocina al hombro y escuchando la radio.
A la hora y media hice el refrito como mandaban los cánones. Calenté el aceite, eché el ajo, después lo saqué antes de que se quemara y eché el pimentón. Acto seguido cogí una cucharada del caldo y empezaron las dudas… hostia, a ver si va a estar muy caliente, me salta y me abraso… no joddas, espera un poco. Pero, craso error, esperé demasiado, el aceite se había enfriado demasiado ya que no me chisporroteaba refrito como a mi madre. Pero, oyes, olía bien. Bah, detalles sin importancia, me excusé, y eché el refrito a la cazuela. Me pareció un poco raro que quedaran unos puntitos negros flotando así que removí el batiburrillo para ver si se disolvían…. Nada, chato, será el agua de Madrid, que me han dicho que es muy dura. Y dejé que se cumpliera el tiempo de cocción.
A las dos horas cogí cuatro tuppers y me dispuse a llenarlos. Me salío un poco así de ojo que las alubias sonaran, cloc, cloc, cloc, cuando caían en el tupper, pero, qué coño, si nunca había oído caer alubias en un tupper. Será normal, deduje. Y con la satisfacción del trabajo bien hecho me acosté.
Al día siguiente, a la hora de comer, salí del trabajo dispuesto a jartarme de alubias. Llegué a casa, saqué el tupper del frigo y lo metí en el microondas. Dos minutos. Estaba yo lavando las manos en el cuarto de baño cuando, BOOOOOM, un petardazo. Salgo disparao para la cocina, paro el micro, lo abro y…. cagüen Ros, el tocino había explotado y me había puesto el microondas perdido (no tenía tapa). Pero, bueno, las alubias allí seguían así que saqué el tocino y terminé de calentarlas
Cuando las volqué al plato se volvió a repetir el cloc, cloc, cloc, del día anterior y eso ya no me gustó ni un pelo. Me quedé un rato observando el plato. Los puntitos negros (que posteriormente me enteré de que era el pimentón quemado) seguían algunos flotando y otros se habían quedado pegados a las alubias. A simple vista el caldo no tenía nada que ver con el mi madre, rojo y espesito. Éste era más bien acuoso, incoloro y se encontraba bajo una espesa balsa de aceite.
Cogí una cucharada de caldo y probé a ver…. Hostia, la sal. Qué fallo. Así que pillé el salero y chas, chas, chas, sazoné a ojo. Removí y volví a probar. Bueno, un poco salado; no pasa nada. Ya la siguiente cucharada la cargué con las alubias…. Crujj, crujj, crujj… no encontré diferencia alguna entre las alubias y los chococrispis del desayuno… y todavía tenía para tres días más y faltaban diez para cobrar….
Quién cojones me mandaría a mí salir de casa, sollozaba mientras rumiaba.
Desde entonces ni se me ha ocurrido protestar a mi madre por la comida.
11 de octubre de 2008
Recetas de cocina
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