13 de abril de 2007

Cambio Radical: la forja de un chocholoco


Hola. Pues nada, que estaba yo el domingo por la tarde esbarriao en el sofá intentando, en vano, resolver el Sudoku Samurai que venía en el suplemento dominical mientras escuchaba Carrusel Deportivo. Decía el enunciado del invento suizo que el tiempo estimado para resolverlo es de una hora y yo, que llevaba ya tres y pico, todavía no había descifrado ni la mitad de las casillas. Total, que a eso de las 23:30, como se acabó Carrusel Deportivo y el Sudoku me tenía ya hasta los cojones, apagué el arradio y puse la tele para ver qué había. Andaba yo en ésas, con el mando en una mano y el Sudoku todavía en la otra, cuando me encuentro que en Antena 3 había un programa de esos de sociedad presentado por Teresa Viejo, a la que, entre aspaviento y aspaviento, estaba apuntito de salírsele una teta por el canalillo. Y como considero que es una señora digna de ponerla mirando a Bercianos y hasta luego, Lucas, me deshice del puto Sudoku y me encendí un pitillo esperando, en vano, también, que el Señor escuchara mis plegarias y finalmente asomara por el generoso escote alguna de sus prominentes glándulas mamarias.

Y así, a lo tonto, a lo tonto, me quedé viendo el programa. En un principio pensé que se trataba de un programa del estilo Sorpresa, Sorpresa, o El programa de Patricia, ya que lo primero que vi fue a un paisanín de unos 25 tacos, con cara de toli y pinta de faltarle media pedalada, jurando que tenía ya muchas ganas de ver a su parienta. Pero al poco tiempo descubrí que no, que realmente se trataba de un programa en el que una titi poco, o nada, agraciada físicamente entraba siendo un adefesio y tras pasar dos meses aislada del mundo real, y tras 5 ó 6 operaciones de cirugía estética (pechos, nariz, dientes, liposucción, etc), salía divina de la muerte pero ya apuntando maneras de lo que ahora se hace llamar personaje de papel couche -aunque hay quien prefiera utilizar el antiguo y castizo nombre de putón verbenero o chocholoco-. Y es que, como aseguraba el narrador mientras la susodicha hacía su aparición estelar en el plató, con mucho aparato y mucho movimiento de cadera, Jacinta, Mari Pepi, o como se llamase la seleccionada, a sus 23 primaveras ha dejado de ser una chica de pueblo para pasar a ser ahora toda una mujer sofisticada que podrá conseguir todo lo que se proponga tras su cambio (de imagen) radical. Y para que se le quede bien grabado en el disco duro, después de habernos secado todos las lágrimas tras habernos emocionado al verla tan guapa, la presentadora se lo vuelve a repetir mientras ella da las gracias y asiente convencida: Jaci, cariño, ya puedes comerte el mundo. Que seas muy feliz con tu nueva imagen,

Y ahí está el problema, que consiguen vendernos que la felicidad y la ambición han de ir unidas inevitablemente a la (buena) imagen, al glamour y a la cabecita llena de pajaritos, pío, pío. Y si uno ve las portadas de las revistas del corazón con Yola Berrocal, Belén Esteban y las pedorras de Gran Hermano se dará cuenta de que tienen razón y que ahora para ser feliz y triunfar en la vida da igual que una sea completamente imbécil, pues estará amparada por un par de buenas domingas, por una oportuna apertura de piernas ante el pene adecuado y, cómo no, por la osadía que otorga la ignorancia.

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