
Hola. Pues nada, que el otro día iba yo por la calle Goya con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos haciéndome chiribitas tras haber recibido un efectivo tratamiento anti-estress en un céntrico sex-show de Madrid cuando de repente me quedé clavado en el sitio al percatarme que una marabunta de gente se dirigía hacia mí. Como venían todos de Ralph Laurent, peinados a raya y tal y cual, y encima en manada, la primera impresión fue que se trataba de la enésima manifestación del Pepé en contra del Gobierno. Pero ante la ausencia de banderas nacionales, de arengas nacionales y de policías nacionales deduje que no, y la incertidumbre se apoderó de mí.
Según se iban acercando me percaté de que todos llevaban en la solapa una tarjeta en la que, imagino, ponía el nombre de cada individuo, e individua que diría el Lehendakari, precedido de un SIGAMOS A CRISTO!!! Así pues, nada más leerlo me giré como impulsado por un resorte buscando a un tipo melenudo, barbudo y con ropas andrajosas, o camiseta heavy en su defecto, no fuera a ser que me hubiera cruzado con el Hijo de Dios y no me hubiese dado cuenta de tan magnánimo encuentro al ir yo pensando en lo mío (y en lo de la otra….) Total, que al ver que nadie se correspondía con mi búsqueda me dirigí a una pareja madura de las que portaba la tarjetita y exhibiendo la mejor de mis sonrisas Japident y muy intrigado les pregunté educadamente a ver de qué se trataba todo aquello. Ellos, alagados por la pregunta, me respondieron muy educadamente también que se trataba de un congreso de Testigos Cristianos de Jehová en el que se iban a bautizar no sé cuántos nuevos adeptos y al que, por supuesto, me animaron a asistir aunque no fuese, todavía, añadieron, de su devoción. Y yo, lejos de revolcarme por el suelo de la risa me despedí agradecido con un escueto ya me lo pienso acompañado de otra sonrisa y de un gesto a lo Richard Clayderman en su piano sin control.
Hoy llego a casa y veo en las noticias que los Talibanes se van cepillando poco a poco a los voluntarios surcoreanos que, enviados por no sé qué Iglesia, están en Afganistán en misión humanitaria. Y recuerdo a aquel hermano de La Salle que me dio clase cuando yo era un mequetrefe y que pasó de todo, y de todos, y se fue a El Salvador de misionero porque sentía la llamada de Cristo. Y se me vienen a la memoria esos curas y monjas que se encuentran de misioneros en África y que se niegan a dejar la misión cuando al negro de turno se le cruza el cable y empiezan las hostias a diestro y siniestro aunque las autoridades aconsejen salir zumbando. Y ahora vuelvo a recordar que el sábado me invitaron a seguir a Cristo por las calles de Madrid. Que tiene cojones también el asunto.
Me voy a echar la pota.
1 de agosto de 2007
Seguidores de Cristo
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