Ay, doña Tulipán, amor mío,
vengo hoy a la tecla hecho un lío,
amargado, afligido, arrepentido y corrido,
por lo que últimamente me ha acontecido.
He de confesaros, Tulipán mía,
que hoy poseéis gran astada,
pues anoche arribé a Fonfría,
hasta la venta de las luces coloradas,
donde las jarras de vino están frías,
y las damiselas esperan a horcajadas.
Vive Dios que de vos me acordaba,
que deseaba sentir vuestro aliento,
pero al imaginaros con otro encamada,
y, qué raro, yo estaba sediento,
el vino a subía y bajaba,
en el local de María Sarmiento,
mujer rica y acaudalada,
gracias a este establecimiento.
Acercóse a mí una joven dama,
mas acierto a pensar que era mora,
pues sus ojos me deslumbraban,
cual primer rayo de la aurora,
de piel dulce y aterciopelada,
y buen par de cantimploras.
Subí ya borracho a la alcoba,
dispuesto a ayuntar por despecho,
pues la mora se volvió medio loca,
cuando vio to`el tema derecho,
y cual Rómulo o Remo a la loba,
se puso a…. tomar de mi pecho.
Lo que ahora voy a contaros,
os pido guardéis en secreto,
mas ruego no oséis mofaros,
componiendo vos un soneto,
pues hasta don Luis me ha jurado,
que él también sería discreto.
En el catre hallábase a cuatro patas,
cual ardiente y encelada felina,
pues obscenos gestos me dedicaba,
deseosa de ser embestida,
mientras tanto yo el sable afilaba,
y lo untaba bien de vaselina,
no fuera a ser que no lubricara,
pues sabido es que si no, no patina.
Hallándome ya sobre de ella montado
cabalgando como yo sólo sé hacerlo
osé soltar una mano
que tenía estirando del pelo
y poco a poco la fui bajando
con el fin de llegar al ciruelo.
Pero topeme con algo afilado,
sin acertar a saber qué era aquello,
duro como un témpano helado,
pero caliente y recubierto de vello.
¡¡¡Vive Dios, que la he atravesado!!!
pardiez, qué larga la tengo,
por esto seguro seré recordado..
allende jamás de los tiempos.
Pero enseguida dime de cuenta,
a quién pertenecía el badajo,
pues no era precisamente Cenicienta,
a quien yo tenía debajo.
Os pido a vos doña Chelo
que para mí hagáis de Chelestina,
pues tengo la moral por el suelo
y mi amada estará que trina,
por haber fornicado a un travelo
que decía ser mora zaina
pero que tras el tupido velo
escondía, precisamente, bandolina.
22 de enero de 2008
A doña Tulipán
18 de enero de 2008
A doña Chelo
Ay, doña Chelo, lengua viperina
me ausento y vos malmetiendo.
¿Será, acaso, envidia cochina?
mas yo creo falta de ayuntamiento
pues me consta que requerís de aspirina
cuando veis al consorte contento
y os intenta arrimar la sardina
para aliviar lo del semen retentum.
Y, confesad, ¿qué es eso de los picos pardos?
Osad decirme cuándo, con quién y cómo,
no son más que envenenados dardos
lanzados Sin ningún tipo de aplomo
cual cazador que apostado en su aguardo
tira a traición al palomo.
Ay, doña pollas como ollas,
o como troncos de secuoyas,
dejaos ya de farfollas!!!
pues aqueste maromo
aunque no lo imaginéis ni por asomo
gasta buena cinta de lomo.
Y si no, preguntad a mi amada Tulipán
cómo se le pone a este donjuán
cuando muslo pa´quí, muslo pa´llí y pam, pam, pam pam…
17 de enero de 2008
A doña Tulipán
Osáis dudar de mi higiene,
mas ignoráis que soy un caballero,
de los que junto a la jofaina tiene
por fragancia Varón Dandy, por jabón Tulipán Negro.
De plata está hecho mi peine,
de oro el mi toallero.
Respondo al nombre de Leonardo,
Leonardo Villegas Carbonero,
de oficio mal bardo,
pésima pluma en astillero,
pero que guarda bajo el tanga leopardo
la espada que ha de atizar su tr… brasero
al ritmo que vaya marcando
don Paquito Chocolatero (Ey, ey, ey)
He de confesaros algo,
con vos seré sincero,
si por algo soy afamado,
es por ser cruel mujeriego,
pues a Bercianos os pondré mirando,
para alimentar mi orgulloso ego,
y os costará volver andando ,
después tanto traqueteo.
Pero al veros a mís pies rendida
tras mi primer y cutre soneto,
ya os veo convencida
de que ahora la saco, ahora la meto,
y tal vez cambie de vida
y afronte este nuevo reto
de traer un manzanillo a esta Viña,
pues mis padres quieren ya un nieto.
11 de enero de 2008
La señal obligatoria V-19

Hola, chatos. Siempre he sido carne de cañón para los controles policiales. Supongo que el tener pinta de moro, el ser feillo y, sobre todo, el tener la patera matriculada hace 9 años en Territorio Comanche (SS) tiene la culpa de ello. Así que, consciente del estigma que acarreo, cada vez que la autoridad competente me da el alto digo sí wana a todo para evitar males mayores. Y es que, como para todo en esta vida, la (mala) experiencia es un grado.
En todo esto pensaba el otro día cuando vi, a lo lejos, un control de la Guardia Civil de tráfico cuando me dirigía a llevar unos trastos viejos al Punto Limpio. Fui reduciendo la marcha esperando que al agente de turno le saltase el automático y me diese el alto, pirulo luminoso en ristre, al leer las dos eses de la matrícula de mi coche. Y efectivamente... Pare aquí a la derecha, interpreté, al ver los Evanassárricos aspavientos que el benemérito agente me dirigía agitando ostensiblemente el pirulo. Y yo, que soy obediente porque el mundo me ha hecho así, detuve la marcha.
-Buenos días, me espetó. Me permite la documentación del vehicúlo y su carné de conducir? Uy, ¿y la pegatina de la Iteuve? Y esa carga que lleva detrás, ¿no la asegura?- Y mientras me inclinaba hacia la guantera para darle los putos papeles exclamé para mí: Carbonero, éste te va a poner el culo como un bebedero de patos, colega.
-Pues verá usté, señor agente, tuve que cambiar la luna y no me volvieron a colocar la pegatina. Como puede observar no es la luna original del vehículo.
-A ver. La factura de la luna-, dijo parafraseando en tono y forma al cabo de Airbag.
-Pues mire usté, la factura, de no estar quemada, está en un pueblo de Zamora, que es donde cambié la luna.
-Pues le voy a tener de denunciar. De todos modos, si usté presenta la factura, la denuncia queda anulá.
Dióse media vuelta y dirigióse hacia el coche patrulla. Y mientras rellenaba la dolorosa postrado en pompa sobre el capó del vehículo me entraron unas ganas salvajes de salir del coche y devolverle la cochinada al son del Paquito Chocolatero, pero, a Dios gracias, me abstuve.
-Aquí tiene. La puede pagar usted al Central Hispano. Son 150 del ala, pero si la paga antes de un mes se le rebaja un treinta por ciento. O sea, se le queda en 105.
-(Pues por el culo te la hinco). Verá usted, como comprenderá no voy a hacer un viaje hasta Zamora para coger una dichosa factura, así que permítame una consulta: sé que por la dichosa matrícula me van a parar siempre, así que si ahí más adelante hay otro control ¿qué puedo hacer para que no me denuncien?
Y él, dibujando en su careto una estúpida sonrisa irónica acompañada de un gesto sorpresivo, dio tres gráciles saltitos hacia atrás para quedar justo frente a mi vehículo y escupir: -ahí váá, pues pensé que era de Sevilla. Pero de todos modos les enseña usté esta denuncia, y ya está. Ji, ji.
Y en ese preciso instante empecé a dudar de la capacidad intelectual del guardia…
-(Sí, de San Serení de la Sierra, no te jode). Verá, con lo de “ahí más adelante” no me refiero a espacio, sino a tiempo. Es decir, una vez haya pagado ya esta multa.
-Le repito que si presenta la factura de la luna evitará que le vuelvan a denunciar.
-Y yo le vuelvo a repetir que no voy a ir a Zamora expresamente a por la factura. Me refiero a otra alternativa. ¿Qué puedo hacer?
-Jum, jum, jum, presentar la factura. Que se la manden por fax.
Entonces mis sospechas se vieron confirmadas a la vez que me empezaba a hervir la sangre viendo el choteo que se traía el colega ya que sólo le falto añadir “jódete y baila”.
-Bueno, pues mañana iré a la Iteuve a por una pegatina, exclamé resignado lanzando la caña.
-Pues como no enseñes la factura o conozcas a alguien allí no te la van a dar. Lo tienen terminantemente prohibido. Chincha, revincha.
-Pues verá usted, no conozco a nadie en la Iteuve y siempre que la he pasado me han dado la pegatina. Porque, puedo pasar la Iteuve, ¿verdad?- le repliqué haciéndome el tonto y haciéndole, mentalmente, claro, un corte de mangas y tres pedorretas.
Entonces, y tornando su semblante hacia un careto de muy pocos amigos me invitó a seguir mi camino espetándome un seco y autoritario CIRCULE, que me quitó las ganas de seguir vacilando a la vez que se me aflojaban los esfínteres.
