11 de enero de 2008

La señal obligatoria V-19


Hola, chatos. Siempre he sido carne de cañón para los controles policiales. Supongo que el tener pinta de moro, el ser feillo y, sobre todo, el tener la patera matriculada hace 9 años en Territorio Comanche (SS) tiene la culpa de ello. Así que, consciente del estigma que acarreo, cada vez que la autoridad competente me da el alto digo sí wana a todo para evitar males mayores. Y es que, como para todo en esta vida, la (mala) experiencia es un grado.

En todo esto pensaba el otro día cuando vi, a lo lejos, un control de la Guardia Civil de tráfico cuando me dirigía a llevar unos trastos viejos al Punto Limpio. Fui reduciendo la marcha esperando que al agente de turno le saltase el automático y me diese el alto, pirulo luminoso en ristre, al leer las dos eses de la matrícula de mi coche. Y efectivamente... Pare aquí a la derecha, interpreté, al ver los Evanassárricos aspavientos que el benemérito agente me dirigía agitando ostensiblemente el pirulo. Y yo, que soy obediente porque el mundo me ha hecho así, detuve la marcha.

-Buenos días, me espetó. Me permite la documentación del vehicúlo y su carné de conducir? Uy, ¿y la pegatina de la Iteuve? Y esa carga que lleva detrás, ¿no la asegura?- Y mientras me inclinaba hacia la guantera para darle los putos papeles exclamé para mí: Carbonero, éste te va a poner el culo como un bebedero de patos, colega.

-Pues verá usté, señor agente, tuve que cambiar la luna y no me volvieron a colocar la pegatina. Como puede observar no es la luna original del vehículo.

-A ver. La factura de la luna-, dijo parafraseando en tono y forma al cabo de Airbag.

-Pues mire usté, la factura, de no estar quemada, está en un pueblo de Zamora, que es donde cambié la luna.

-Pues le voy a tener de denunciar. De todos modos, si usté presenta la factura, la denuncia queda anulá.

Dióse media vuelta y dirigióse hacia el coche patrulla. Y mientras rellenaba la dolorosa postrado en pompa sobre el capó del vehículo me entraron unas ganas salvajes de salir del coche y devolverle la cochinada al son del Paquito Chocolatero, pero, a Dios gracias, me abstuve.

-Aquí tiene. La puede pagar usted al Central Hispano. Son 150 del ala, pero si la paga antes de un mes se le rebaja un treinta por ciento. O sea, se le queda en 105.

-(Pues por el culo te la hinco). Verá usted, como comprenderá no voy a hacer un viaje hasta Zamora para coger una dichosa factura, así que permítame una consulta: sé que por la dichosa matrícula me van a parar siempre, así que si ahí más adelante hay otro control ¿qué puedo hacer para que no me denuncien?

Y él, dibujando en su careto una estúpida sonrisa irónica acompañada de un gesto sorpresivo, dio tres gráciles saltitos hacia atrás para quedar justo frente a mi vehículo y escupir: -ahí váá, pues pensé que era de Sevilla. Pero de todos modos les enseña usté esta denuncia, y ya está. Ji, ji.

Y en ese preciso instante empecé a dudar de la capacidad intelectual del guardia…

-(Sí, de San Serení de la Sierra, no te jode). Verá, con lo de “ahí más adelante” no me refiero a espacio, sino a tiempo. Es decir, una vez haya pagado ya esta multa.

-Le repito que si presenta la factura de la luna evitará que le vuelvan a denunciar.

-Y yo le vuelvo a repetir que no voy a ir a Zamora expresamente a por la factura. Me refiero a otra alternativa. ¿Qué puedo hacer?

-Jum, jum, jum, presentar la factura. Que se la manden por fax.

Entonces mis sospechas se vieron confirmadas a la vez que me empezaba a hervir la sangre viendo el choteo que se traía el colega ya que sólo le falto añadir “jódete y baila”.

-Bueno, pues mañana iré a la Iteuve a por una pegatina, exclamé resignado lanzando la caña.

-Pues como no enseñes la factura o conozcas a alguien allí no te la van a dar. Lo tienen terminantemente prohibido. Chincha, revincha.

-Pues verá usted, no conozco a nadie en la Iteuve y siempre que la he pasado me han dado la pegatina. Porque, puedo pasar la Iteuve, ¿verdad?- le repliqué haciéndome el tonto y haciéndole, mentalmente, claro, un corte de mangas y tres pedorretas.

Entonces, y tornando su semblante hacia un careto de muy pocos amigos me invitó a seguir mi camino espetándome un seco y autoritario CIRCULE, que me quitó las ganas de seguir vacilando a la vez que se me aflojaban los esfínteres.

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