1 de octubre de 2005

Un día republicano lo tiene cualquiera


El caso es que como estamos en el tiempo de la berrea y como, según parece, es la época del año en que las hembras parecen ser más propensas al ayuntamiento carnal, el jueves por la noche salí por Madrid luciendo mis mejores galas: pantalón vaquero nuevo, camisa de primera marca, zapatos mocasines y, como si se triunfa hay que dar buena imagen, unos boxer de lycra Calvin Klein que me costaron un testículo de pato.(Que sí, que ya sé que es una imbecilidad pagar una pasta por algo con lo que sólo vas a vacilar 5 minutos; que es lo que se tarda en quedarse uno a pilutrín. Alguno seguro que está pensando: pues si lo sabes ya te vale, subnormal. Pues sí, pues tiene razón. Pero qué le voy a hacer yo. No es plan de salir, y alguna vez me ha pasado, que te suene la “flauta”, encuentres a una cierva receptiva, y cuando llegas al hotel dispuesto a consumar a la titi se le vaya la libido al verte en unos gayumbos de esos de tela que dejan que todo vaya a su libre albedrío, tolón, tolón, o en unos slips de esos con dibujitos de patitos, gatitos o tortuguitas. Sí, coño, de esos que son la mar de cómodos, que lo sujetan todo hasta que se quedan medio transparentes y pierden la goma de tanto lavao, y que todos tenemos gracias a que nos los compran en Portugal nuestra madre o nuestra parienta, ya que ninguno tenemos lo que hay que tener para ir a comprarlos).

Bueno, como iba diciendo (y a ver si lo digo de una puta vez) estaba en Madrid y aparqué el coche en la calle Marqués del Duero (calle perpendicular al Paseo de Recoletos, sita justo detrás del Palacio de Linares) a eso de la 01:00 am y me fui por los garitos de la zona con mi amigo Emilio, que vive por allí cerca.

Como a eso de las 06:00am todavía no había sucedido nada digno de reseñar, o sea, que nada de nada, y como el volumen de alcohol en mi sangre era directamente proporcional al volumen mismo de la sangre, pues opté por quedarme a sobar en casa de Emilio.

Me desperté a eso de las 08:30am para ir a por mi coche, evitando así que me pusieran una multa ya que estaba aparcado en zona azul y la O.R.A comienza a partir de las 09:00 am. Total, que cuando llego a la calle en cuestión cuál fue mi sorpresa que mi patera había desaparecido. Me dirijo a un agente de la Policía Municipal que había por allí y al comentarle la jugada me dice el tío que se lo ha llevado la grúa al deposito municipal alegando “acto público autorizado” ya que mi REY iba a hacer no sé qué por allí y mi vehículo resultaba un "estorbo" para garantizar la seguridad del monarca. Me sugiere que vaya a Colón, unos 350m Paseo de Recoletos arriba, ya que es allí donde me darán la autorización para la retirada del vehículo.

Así que con una caraja del quince, y un mosqueo considerable, me fui calle arriba tal y como el Pitufo me había indicado. Al llegar a las oficinas municipales destinadas a tal efecto me dirigí a una de las ventanillas donde un imbécil con coleta me aseguró que no le constaba que mi coche se hallase en ningún depósito. No obstante me invitó a que me quedase por allí esperando, de pie, ya que era bastante probable que todavía no hubieran introducido los datos en el puto ordenador, lo cual hizo que me rechinaran aún más los dientes hasta tal punto que todavía hoy tengo flojos cuatro empastes.

Media hora más tarde, y tras haberse tomado en mi presencia un café con un donuts y un croissant, y después de haber ido al baño a fumarse un pitillo, se dignó el hacendoso funcionario a entregarme un plano fotocopiado que indicaba el lugar exacto donde podía recoger mi coche. Paseo Imperial, rezaba en el papelorio. Cógete un taxi o vete en el metro, me sugirió el hijoputa. Andando voy a ir, no te jodde, le aclaré yo. Así que tras esperar otra media hora para coger un puñetero taxi, (pensando que sería lo más rápido) y después de que el taxímetro marcara 7.80€ tras otra media hora de carrera por el atascado centro de Madrid, llegué al Paseo Imperial ese de marras y retiré mi vehículo tras haber firmado sendos autógrafos a la periqui que estaba en la oficina y al jambo que estaba de portera.

Eran las 11:00am más o menos y estaba muerto de sueño, de mala gaita, resacoso e inmerso en uno de esos monumentales atascos de la M30. Lo juro; ese día, en ese momento y durante toda la tarde en mi puesto de trabajo me estuve acordando del Rey y de doña María de las Mercedes, que fue la madre que lo parió.

Hoy ya se me ha pasado el mosqueo. Como tampoco me multaron ni tuve que pagar por la retirada le he perdonado y ya he vuelto a ser monárquico. Pero también he de reconocer que mi discurso ha cambiado: “que viva el Rey”, sí, pero como dice mi amigo Rubén, “pero que viva lejos”. “ Y de Madrid”, añado yo.

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